11/7/11

Colonos preparan tractorazo por invasión de sus tierras

En un primer momento, la invasión campesina generó miedo entre los colonos de Santa Rosa del Monday, Iruña y Ñacunday. Ahora, la ocupación es motivo de desesperación. A medida que pasan los días, las pérdidas económicas aumentan y ya se perdió la oportunidad de sembrar trigo. Por temor a enfrentamientos, algunos colonos incorporaron blindaje a las máquinas sembradoras. Se prepara un tractorazo, si hoy no se produce desalojo.

Increíble! Ante la posibilidad de enfrentamientos con invasores de tierras, algunos colonos de Santa Rosa del Monday comenzaron a instalar blindaje y otros mecanismos de protección contra proyectiles a sus máquinas sembradoras.

El blindaje se instala alrededor de la cabina y al mismo tiempo se monta una pala cargadora, que cubre directamente el sitio donde se encuentra ubicado el conductor. El objetivo es tener protección tanto lateral como frontal, para evitar que eventuales disparos puedan ser mortales para la persona que lleva la sembradora.   

Al extremo de blindar elementos de trabajo agrícola se llegó luego de la invasión de tierras en Ñacunday. Supuestos campesinos sin tierra, provenientes de San Pedro, bajo el liderazgo de Victoriano López, tomaron posesión de 12.000 hectáreas de tierra donde no es posible entrar ni salir sin permiso de la dirigencia.

Una de las personas afectadas es el colono brasileño Leonir Antonio Calza. Leonir tiene 40 años, de los cuales lleva 18 viviendo en nuestro país. Tiene tres hijos, todos ellos paraguayos. A los dos años de llegar a Santa Rosa del Monday invitó a su padre y a su hermano a sumarse a una nueva tierra. Vendieron todos sus bienes y ya están instalados aquí, trabajando la tierra.

Leonir es propietario de una finca de 560 hectáreas, compradas al norte del río Ñacunday; su tierra está ocupada por sampedranos.

Prohibido sembrar  

“Tenemos prohibido sembrar. Los invasores no permiten que lleguemos hasta nuestra tierra para trabajar. Un par de veces intenté acercarme, pero la última vez casi prendieron fuego a mi vehículo. Tuve que salir para que no me maten”, relató.

El miedo fue el primer sentimiento de Leonir, sobre todo por la seguridad de su familia. Su esposa, dos hijas mayores y un chico de 11 años quedan solos en la casa buena parte del tiempo. “No quiero que pase nada a mi familia, tengo que protegerlos. Aquí no sabemos en qué momento pueden aparecer los campesinos, quienes actúan siempre en forma muy violenta, armados con machetes”, agregó.

A medida que pasan los días, la desesperación va tomando cuerpo entre los colonos: perdieron la oportunidad de sembrar trigo y los campos se están cubriendo de malezas. Las pérdidas económicas son importantes. Peor aún, los bancos no esperan para ejecutar las hipotecas.

“Perdí todo”

“Compré semillas y los insumos necesarios para cultivar trigo. Perdí todo porque no me dejaron trabajar. Recuerdo que llegué hasta el campamento de los invasores, en los primeros días de junio, con mi título de propiedad en la mano. Pedí conversar con Victoriano López, para demostrar que soy un legítimo propietario. Agarró mi carpeta y rompió todo en mi cara”, expresó.

El trigo no se cultiva en función a renta, sino más bien para mantener limpio el campo, en preparativo para la siembra de soja en setiembre. “Avena y trigo ayudan a mantener libre de malezas la tierra, de lo contrario se gasta mucho dinero en desmalezar. Aparte permite mantener humedad y proteínas del suelo. La agricultura no se puede improvisar y tiene que ser planificada porque es un trabajo continuo, a lo largo de todo el año”, dijo además.

Si el ciclo agrícola se cumple, el costo de preparar la tierra para la siembra tiene un promedio de 500 dólares por hectárea. Dada la circunstancia actual, Leonir estima que tendrá un gasto aproximado de 1.000 dólares por hectárea, para volver a limpiar y remover su tierra, en el supuesto que la Policía Nacional proceda al desalojo de los invasores.

Ocupación con alumbrado público  

Leonir exhibió algunas fotografías de sus comienzos en Paraguay, trabajando duro para producir la tierra. No tenía nada y su primera vivienda fue una piecita de madera, como todo colono que recién inicia su trabajo.

Sigue viviendo en una casa de madera, más cómoda y amplia, pero buena parte de sus ingresos reinvierte en su tierra y en maquinaria para trabajar. “Molesta mucho escuchar que llevamos nuestro dinero al Brasil. Aquí vivimos, aquí trabajamos, aquí está mi familia. Yo escogí vivir en Paraguay y mis hijos son paraguayos”, recalcó.

Hoy, 80 días

Hoy se cumplen 80 días de la invasión de tierras en Ñacunday. La inacción de la Policía Nacional tiene su explicación: el atropello a las propiedades de colonos de origen brasileño fue montado en el mismo Palacio de López.   

El mismo presidente Fernando Lugo dio su visto bueno para cometer el atropello y su primer anillo se encargó de la planificación. Miguel Ángel López Perito, el senador de Tekojoja (oficialista) Sixto Pereira, y el gobernador de San Pedro, José “Pakova” Ledesma, son los rostros visibles de la invasión en Ñacunday.

Esta ocupación presenta una peculiaridad: tiene alumbrado público. La ANDE se encargó del tendido eléctrico y de instalar focos con fotocélulas. En medio de cultivos destruidos, los seguidores de Victoriano López tienen alumbrado público facilitado por el jefe de Gabinete Civil de Lugo. Fuente ABC. Color

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