11/5/11

Un asesinato, la carta de un Nobel a otro y la necesidad de escuchar otra voz

Adolfo Pérez Esquivel le mandó una carta abierta a Barack Obama. En ella, le recrimina que haya apelado a asesinar al terrorista Osama Bin Laden en lugar de juzgarlo, para escuchar sus argumentos y someterlo a la Justicia occidental. La carta "voló" (y lo sigue haciendo) por las redes sociales. La necesidad de escuchar otras voces y la invitación al acto complejo de pensar.

                                Barack Obama. Adolfo Pérez Esquivel

El día en que se anunció el asesinato de Osama Bin Laden casi no hubo posibilidad de escuchar voces disonantes. Si buscamos en Google aquel momento, se reproducirá en nuestra pantalla la increíble realidad de lo que significa una voz única, multiplicada por miles. Todos los medios hicimos propia, como si realmente fuésemos testigos del hecho, la versión oficial. 

Todos hablamos de una mansión, aunque ante nuestros ojos se viera una casa grande y poco más que eso. Todos dijimos que la esposa del terrorista había sido utilizada como escudo y nos sorprendimos cuando esa mujer salió por otros medios, alternativos a los que estábamos prestando atención, viva, sana; viuda y dolorida.

Tal vez sea porque la fuerza por hacer escuchar una única voz fue tan fuerte que la carta de Adolfo Pérez Esquivel a Barack Obama repercutió tanto.

El argentino que recibió el Premio Nobel de la Paz en 1980 le envió una carta abierta al presidente estadounidense que también lo recibiera, recientemente, y que se reivindicó como quien hizo “justicia” mandando a ultimar a Bin Laden.

“No buscaron detenerlo y juzgarlo por los crímenes supuestamente cometidos, lo que genera mayor duda; el objetivo fue asesinarlo”, dijo Pérez Esquivel en uno de los primeros párrafos, de una carta que corrió por las redes sociales –valga el uso de la usual comparación- como reguero de pólvora.

La queja de Pérez Esquivel es justa y, aunque a muchos lectores de MDZ les molestó el llamado a la reflexión, la eliminación de la versión única y la convocatoria a pensar, abre la posibilidad no de que aquel homicidio haya resultado falso, sino que:

- Pueda ser discutido, ya que se empleó el término “justicia” para fundamentarlo;
- Pueda ser analizado, ya que un Estado se arrogó el poder de policía universal sin que nadie se lo haya otorgado;

- Pueda ser repudiado, por qué no, como herramienta al alcance de la mano de un Estado en un mundo cuya sección “occidental y cristiana” apuesta en sus normas al juicio justo y en igualdad de condiciones, aun para los criminales.

Dice Pérez Esquivel en su “Carta abierta de un Nobel a otro Nobel”: Los muertos no hablan, y ante el miedo a que el ajusticiado pudiera decir cosas no convenientes para los EE.UU., la salida fue el asesinato y asegurar que “muerto el perro se terminó la rabia”, sin tener en cuenta que no hacen otra cosa que incrementarla.

Deja en claro que no entendió bien por qué le dieron a Obama el Premio Nobel de la Paz (recordemos: a nosotros tampoco nos pareció pertienente, mucha gente lo discutió) pero se entendió como una línea de inicio para una nueva etapa del nuevo gobierno post Bush en Estados Unidos.

Al verlo recibir el Nobel, imaginamos, como Pérez Esquivel, a un Obama que replanteaba la matriz de negocios del plan bélico estadounidense por uno de reconstrucción de los pueblos que sus guerras destruyeron.

Pero no fue así. Dice el Nobel argentino: “Has incrementado el odio y traicionado los principios asumidos en la campaña electoral ante tu pueblo, como poner fin a las guerras en Afganistán e Irak y cerrar las cárceles en Guantánamo y Abu Graib en Irak. 

Nada de eso has logrado hacer; por el contrario, decides comenzar otra guerra contra Libia, apoyada por la OTAN y la vergonzosa resolución de las Naciones Unidas de apoyarla; cuando ese alto organismo, empequeñecido y sin pensamiento propio, ha perdido el rumbo y está sometido a las veleidades e intereses de las potencias dominantes”.

Nuestros lectores compartieron como nunca antes esa carta en sus perfiles de Facebook y a sus contactos de correo electrónico y Twitter.

Y allí radica otro mensaje: la necesidad de que siempre hayan otras voces disponibles, de que los medios las escuchemos y que, siempre que exista una oportunidad, desconfiemos, analicemos, pensemos.
Gabriel Conte en Twitter: @ConteGabriel


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada