22/5/11

Ernesto Sabato y una histórica visita al Paraguay

Lograr su venida, en 1998, tuvo mucho que ver con el empeño de Elvio Romero y la CAPEL.

Antonio V. Pecci
Periodista

                                Ernesto Sabato y Augusto Roa Bastos

Aparte de las dos visitas que realizara a nuestro país el destacado escritor argentino Ernesto Sabato, son poco conocidos los lazos que mantuvo con figuras paraguayas en el exilio y, sobre todo, los temas de nuestra historia y de nuestra literatura que llamaron su atención.

Una de las pistas la tenemos en un texto del propio Sabato que publicáramos en abril de 2006, donde menciona que leyó, por consejo de un amigo, El trueno entre las hojas (1953), la colección de cuentos con que Roa Bastos se daría a conocer en su exilio argentino.

“... quedé deslumbrado por la descripción del Paraguay, por la presencia de sus símbolos y mitos, su denuncia de la opresión política, el choque de culturas indígenas y extranjeras, la lucha por sobrevivir a la locura de la guerra”, señala Sabato, para agregar: “Él mismo hubo de confesar que el exilio representó un desgarro ontológico, pero le reveló una dimensión desconocida, sólo comprensible para quienes han debido atravesar el mismo dolor”.

Ambos se conocieron, a principios de los años 50, en los talleres de la SADE, adonde acudía Sabato a brindar algunas charlas y, aparentemente, hizo gestiones para que Roa pudiera dictar algún taller que le ayudara a sobrevivir. Además, a fines de los 50 y principios de los 60 —nos cuenta Gilberto Rivarola—, la conocida pintora Lea Lublin reunía periódicamente en su departamento a un grupo de escritores como el poeta cubano Nicolás Guillén, Elvio Romero, Sabato y otros más.

Otro hecho que suscitaba su interés era la Guerra de la Triple Alianza, como nos refiere en su escrito Osvaldo González Real. Pero, sin duda, su vínculo más entrañable fue con Roa Bastos, a quien tuvo el placer de visitarlo en Asunción, ya caída la dictadura stronista. Su venida no fue fácil. Nada fue fácil a partir de 1984, en que le concedieron el Premio Cervantes y se produjo un aluvión mundial de invitaciones.

Pero la oportunidad se dio a principios de 1998, cuando en un viaje a Buenos Aires me encontré con Elvio Romero, por entonces agregado cultural en nuestra Embajada, quien me sondeó sobre la posibilidad de traer a Asunción un espectáculo poético-musical, el romance “La muerte de Juan Lavalle”, de Sabato y el gran guitarrista Eduardo Falú, quienes actuaban en vivo acompañados de una orquesta.

De regreso hice varias consultas y la respuesta fue negativa por el alto costo. Tiempo después volví a conversar con Elvio y le consulté sobre qué posibilidad había de que Sabato viniera a la Feria del Libro prevista para junio de ese año. El poeta quedó en hacer la averiguación. Poco tiempo después me informó que había hablado con el escritor y que este había aceptado. Como es de suponer, dicha presencia representaba gastos de pasajes, hotel y honorarios, lo que comuniqué a los editores y libreros agrupados en la CAPEL.

No fue fácil, pues les pareció un monto elevado. Yo entendía que era una oportunidad quizá única, y me largué a buscar algunos espónsores, con algún éxito, lo que comuniqué a la gente de CAPEL, quienes decidieron entonces aportar lo suyo e invitarlo oficialmente.

Y así se produjo la venida de Sabato, acompañado de Elvira González Fraga, quien trabajaba estrechamente con él. Se alojaron en el Hotel del Paraguay, pero salieron a recorrer la ciudad y los sitios aledaños. Hizo su presentación en el auditorio de la Feria, en el León Coundou, ante unas 600 personas, un público expectante con el cual dialogó extensamente el escritor, con afirmaciones que inquietaron a más de uno. Pero esa visita pública ya es histórica. Luego volvería en el 2001, en un plano más discreto. Fuente Ultima Hora

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