19/11/10

FALTAN POLÍTICAS PARA LOS EXILIADOS Y LOS QUE VOLVIERON


Señor director. Con el mayor respeto nos dirigimos a usted y, por su intermedio, a los amables lectores para expresarles algunas inquietudes de nuestra asociación de paraguayos retornados del exilio. El 9 de julio del 2008, en la Sala Bicameral del Honorable Congreso Nacional, nuestra asociación ha organizado, con otras instituciones, el primer Congreso de la Migración Paraguaya con la presencia del presidente de la República, el presidente del Congreso Nacional, varios parlamentarios y otras autoridades nacionales e incluso internacionales.

A esta distancia, a más de dos años, lo mínimo que podemos decir es que vemos con mucha preocupación la falta de políticas de Estado con relación a los paraguayos que residen en el exterior y, menos, para con los retornados. Hasta las alentadoras palabras del presidente Fernando Lugo en aquella ocasión, parecen ser llevadas por el viento.

Los pedidos puntuales hechos en aquella ocasión, dictados por legítimas impaciencias de los que han sufrido incontables arbitrariedades, como de las representaciones diplomáticas -embajadas y consulados- y otras instituciones, no sólo no se cumplieron sino que fueron reemplazadas por graves e indignantes afrentas, reciclando funcionarios "escalafonados" del pasado oprobioso y nombrando a gente que sólo piensan en servirse a sí misma. Y, estos son los puntos que nos preocupan y el motivo de esta carta.

No se debe entender que las elecciones ganadas el 20 de abril del 2008 pueden tener el aspecto tranquilo y domesticado que algunos gustan soñar. Esos triunfos fueron para la mayoría del pueblo, la reconquista de la libertad y de la dignidad. No se puede esperar que hombres y mujeres que han luchado por décadas para desterrar a los inmorales del país consientan en ver retornar, para que nos dirijan a la elite de la mediocridad, a los funcionarios sin compromiso. Esa fecha, el pueblo votó por el cambio.

No podemos aceptar que los honestos humillados hagan nuevamente lo que hemos hecho durante décadas: agachar la cabeza, amar en silencio a la patria lejana y despreciar en silencio a nuestros "representantes".

El Paraguay pos 20 de abril quiere y debe dirigir su futuro. No por el poder, sino por la justicia; no por la política, sino por la moral, no por la captación de fortuna, sino por la grandeza y dignificación de todos los hijos nativos del país.

No es nuestra intención dar lecciones a los inmorales que nos han "representado" en el oscuro pasado, pero sí creemos tener el derecho, adquirido en medio de terribles experiencias en el exilio y en nuestra diaria lucha en la reinserción como retornado a la patria, de reclamar el aspecto moral a quienes conducen el país.

El pueblo paraguayo está cansado de virtudes mediocres y está en la búsqueda de una moral más de acuerdo a los nuevos vientos que soplan en el mundo, en América y en el país, esa es la verdad. Y, en esta materia la "experiencia" de los escalafonados", de los viejos aduaneros, de los antiguos funcionarios de la Secretaría de Repatriados y otras instituciones "amigas", no tiene nada que hacer, más aún si estos persisten en sus inutilidades y sus deshonestidades.

Los hombres sin moral y sin obligaciones con este nuevo gobierno no merecen nuestras confianzas. Nuestras embajadas, nuestros consulados y nuestras oficinas de fronteras en forma urgente deben llenarse de nuevas caras, pues, de lo contrario, el Gobierno pronto caerá en desprestigio irremediable. Es más, nuestra convicción no es que esto va a ocurrir, sino que silenciosamente ya está ocurriendo debido a la política oficial obstinada de las fuerzas retardatarias enquistadas en las instituciones que deberían atender los intereses del país y de los ciudadanos.

Atentamente,

Vicente Ramírez Santacruz, presidente, y Catalo Bogado Bordón, secretario
Fuente: UltimaHora

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