29/4/11

Síndrome de reelección: Stroessner, Wasmosy, Nicanor... y ahora Lugo

Para las elecciones de febrero de 1988, las delegaciones de stronistas desfilaban en el Palacio de López para pedir la octava reelección  del dictador Stroessner y este, en un discurso ante sus “partidarios” reclutados, aceptaba en la plaza del Congreso diciendo: “Yo no he movido un dedo”.


Con Wasmosy pasó lo mismo, a tal punto que desestabilizó y puso en riesgo  el régimen democrático al encarcelar arbitrariamente al candidato a presidente Lino Oviedo en 1998.   

Calcado, Nicanor también hizo desfilar a sus huestes en el Palacio de Gobierno para “rogarle” que se postulara a la reelección.   

Esta semana fue el turno del presidente Fernando Lugo. “Si esto cobra la fuerza de un tsunami nadie podrá atajarlo”, dijo, en un extraño cambio de postura.

Precisamente él se catapultó como político con la muletilla de la “resistencia contra  el proyecto autoritario de reelección” de Duarte Frutos en  2006.

En su discurso, el 29 de marzo de ese año, hasta le exigió que pidiera perdón. Advertía que su antecesor pretendía con esa excusa instalar una dictadura.
   
El 28 de agosto de 2006, los partidos opositores con representación parlamentaria, incluido Emilio Camacho como delegado del Encuentro Nacional (hoy asesor de Lugo), rechazaron en un escrito “toda intención de reforma constitucional” para permitir la reelección.   

Blas Llano del PLRA decía que Nicanor “tiene pretensiones autoritarias”.   

Carlos Filizzola dijo: “el Partido País Solidario sigue en su postura de un no al llamado a Constituyente, resolución tomada ya el 28 de agosto de 2005”.   

Casualidad o no, tanto Wasmosy como Duarte y ahora Lugo lanzaron  su proyecto reeleccionario en su tercer año de gobierno, una costumbre cotidiana de Stroessner cada 5 años, que se plasmaba en un mitin político en la plaza donde proclamaba: : “acepto, porque el pueblo lo pide”.

De ahí que muchos le dan la razón a los constitucionalistas del 92 que le pusieron candado a la reelección, para terminar con el síndrome autoritario que ataca a los gobernantes que   ocupan el Palacio  desde hace 200 años. Fuente ABC. Color

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