17/12/10

Con el caso Cabañas comenzó debacle del América

Con Salvador Cabañas, el América futbolísticamente fue poesía y canto. Efectivo, confiable, el goleador guaraní siempre cargó al equipo hasta provocar chavadependencia entre tantas asustadizas águilas descalzas.

Definía las jugadas de rutina y convertía en las acciones más complejas. Decidido, contundente, El Mariscal paraguayo se transformó —a lo largo de tres años y medio de estadía en el Nido de Coapa— en símbolo azulcrema, eterno héroe, ídolo indiscutible.

Desde que llegó al América, siempre fue el mejor realizador de los emplumados y a nivel global promedió una tercera parte de la producción total de los amarillos. De hecho, en su último año —2009— generó la mitad del total de goles del equipo azulcrema.

Hoy, después del trago amargo que significó la precipitada partida de O’Gordinho —como le apodaban los ardidos brasileños—, el americanismo se reparte con más equidad a la hora de anotar. Y si bien Matías Vuoso elaboró 10 dianas en el último semestre y el club se destapó en 2010 con 70 goles, la responsabilidad le quedó grande al Toro, antítesis del ídolo guaraní, pues lejos de provocar aplausos despierta abucheos, frente a las innumerables fallas en el instante cumbre.

La producción de las Águilas en el año que está por concluir, aunque provechosa, no ayudó a cosechar nada, porque Cabañas era letal en los partidos importantes, los que valían oro.

A la fecha, en el Nido aún pagan factura del incidente aquel en el que se vio envuelto el depredador paraguayo, pues aun en los peores instantes del americanismo, cargó con el equipo y sus 66 dianas resultaron de gran valor para una institución que se acostumbró a vivir de dos protagonistas: Salvador Cabañas y Guillermo Ochoa.

En el primer año y medio del artillero en Coapa, promedió nueve goles por semestre. Aun en el peor momento de los millonetas, marcó la mitad del total de anotaciones del equipo —seis en el Clausura 2006— y duplicó su cuota a lo largo del año pasado, hasta cubrir 25 goles.

En el prometedor arranque de 2010, Cabañas aportó cuatro tantos de nueve que convirtió el América en el Interliga. Y en la fecha 1 del Bicentenario, el domingo 17 de enero, agregó dos goles en el 5-1 sobre San Luis en el Estadio Azteca. Fueron sus últimas aportaciones como centro delantero.

A la semana siguiente, tras caer 2-0 en Morelia, Cabañas ingresó al bar-Bar, donde un delincuente apodado JJ le dio un balazo en la cabeza. Y aunque milagrosamente salvó la vida, el incidente lo privó, hasta la fecha, de lo suyo: la práctica del futbol.

Nada más en juegos de Liga, Cabañas marcó 66 veces enfundado en la casaca azulcrema, con un promedio de efectividad de 0.57.

Ya sin Cabañas, el resto del Bicentenario 2010, Ángel Reyna se transformó en el máximo realizador con siete conquistas. Sí, un mediocampista.

Y en el Apertura 2010, en el regreso de Matías Vuoso, el argentino-mexicano aseguró 10 goles. Nada mal. Aunque nada comparable a la confianza que Chava le daba a sus seguidores cuando estaba en el campo.

En su penúltima actuación en el Azteca, Vuoso salió entre abucheos, pese al aporte de un gol en la paliza (4-1) sobre San Luis. En su último juego en Santa Úrsula, Cabañas se despachó con dos goles, vitoreado, ídolo y aún hoy, más que nunca, extrañado por la llamada fiebre amarilla... (fuente:eluniversal.com.mx)

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