27/2/11

El Sable de San Martín destinado al más grande héroe de América el Mariscal López

En el día de su muerte invocamos su memoria y hacemos vibrar las dianas de la gloria como tributo emocionado al primer soldado de la patria  y en su honor  musitando una oración al altísimo y reafirmando la decisión irrevocable de seguir bregando el legado precioso que nos dejara con su muerte en las aguas del Aquidabán. 
Por Domingo Cabañas. 
 
Desde la eternidad gloriosa en la que descansa el Mariscal Francisco Solano López, su nombre es una evocación constante, permanente de patria y su inmolación una lección de heroísmo que perdurará por los siglos, como un evangelio de la raza.

Su amor a la patria, su sentido heroico de la vida y la muerte confirmada con su decisión histórica de perecer antes que renunciar al honor de velar por la dignidad de su tierra y de su bandera, por lo que afirmo que solamente un pueblo de la capacidad espiritual del Paraguay puede tener un héroe de esta estirpe, por eso el Paraguay mantendrá su recuerdo en la esencia misma de la historia y lo veneraran con una profunda y emocionada profesión de fe, admiración y respeto.

Su figura sigue precediendo la marcha del pueblo, indicando el camino de la lucha, del sacrificio y de la gloria, contrariando principios de gobernantes apátridas y xenofílicos adeptos a la filosofía de la mentira, de la envidia, de la división y de la confrontación.

Montado en su corcel blanco Mandyju, con su sable al viento y desafiando al destino seguirá cabalgando el gran Mariscal como símbolo de este Paraguay eterno e indomable.

Garantizado con su grito supremo de Vencer o Morir, que seguirá palpitando en el corazón de todos los paraguayos irrenunciable de la nacionalidad y de la heredad nacional.

La gran causa iniciada por Artigas en las primeras horas de la Revolución, continuada por San Martín y Bolívar al concretarse la Independencia, restaurada por la habilidad y energía de Juan Manuel de Rosas en los años del "sistema americano", y que tendría en el Gran Mariscal Francisco Solano López su adalid postrero.

Pero ya un año antes de Cerro-Corá, viejo y pobre en su destierro de Southampton, don Juan Manuel de Rosas, que por sostener lo mismo que Francisco Solano López había sido traicionado y vencido en Caseros por los mismos que traicionaron y vencieron ahora al mariscal paraguayo, se conmovió, profundamente emocionado, ante la heroica epopeya americana. El Restaurador miró el sable de Chacabuco que pendía como único adorno en su modesta morada.

Esa arma simbolizaba la soberanía de América; con ella San Martín había liberado a Chile y a Perú; después se la había legado a Rosas por su defensa de la Confederación contra las agresiones de Inglaterra y Francia. Don Juan Manuel ordenó entonces que se cambie su testamento, porque había encontrado el digno destinatario del sable corvo de los Andes.

El 17 de febrero de 1869, mientras Francisco Solano López y el heroico pueblo guaraní se debatían en las últimas como jaguares decididos que se niegan a la derrota, Rosas testó el destino del "sable de la soberanía":

Su excelencia el generalísimo, Capitán General don José de San Martín, me honró con la siguiente manda: La espada que me acompañó en toda la guerra de la Independencia será entregada al general Rosas por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido los derechos de la Patria.

Y yo, Juan Manuel de Rosas, a su ejemplo, dispongo que mi albacea entregue a su Excelencia el señor Gran Mariscal, presidente de la República paraguaya y generalísimo de sus ejércitos, la espada diplomática y militar que me acompañó durante me fue posible defender esos derechos, por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido y sigue sosteniendo los derechos de su Patria". - (Investigación histórica de José María Rosa. García Mellid, Atilio.)

Cerro Corá, su tumba, es el santuario del pueblo y el gólgota donde sucumbió el más grande y sacrificado mariscal del universo. La figura del ilustre rebasa los límites del héroe común y se constituye en el “soldado símbolo” que encarna las virtudes supremas del genuino y auténtico paraguayo guaraní.

En su largo peregrinaje hasta su destino final en Cerro Corá, era seguidos por los restos de su ejército y su pueblo que seguían adheridos a su gigantesca figura, hasta inmolarse como cumpliendo un pacto sagrado. El éxodo de todo un pueblo, hombres, mujeres, anciano y niños, siguiendo los pasos del ejército nacional, es una de las páginas más sublimes de la historia universal.

Gloria eterna al Mariscal. Bendigo la memoria de los paraguayos que murieron luchando por la Patria

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